Columna David Faitelson | 23-11-2021




¿Cómo no te voy a querer?

Es casi una premisa del sistema de competencia del futbol mexicano. Es también la letra de una famosa canción de José Alfredo Jiménez: "No hay que llegar primero, sino hay que saber llegar...".


Y los Pumas retratan perfectamente bien esa sugestión. En algún momento del último trimestre, el campeonato pintaba para ser un fracaso de niveles dramáticos en el club que representa los ideales de la Universidad Nacional Autónoma de México, pero Andrés Lillini y sus futbolistas siguieron trabajando en medio de la adversidad. Recuerdo algunas voces de futbolistas de Pumas que, yo mismo tachaba de fantasiosos e irreales, que presagiaban de que este equipo podría encontrar el rumbo en cualquier momento. Y lo han hecho. Nadie ha lucido mejor que Pumas en el cierre del torneo y en la reclasificación, mostrando que, aún con sus carencias y quizá desventajas ante el poderío económico de otras plantillas, es capaz de mostrar una faceta competitiva, alegre, dinámica, combativa y también cercana a la calidad que debe exigírsele de acuerdo con su posición de equipo grande y protagonista del futbol mexicano.


Los futbolistas de Pumas, poderosamente criticados por nosotros -el periodismo- merecen el reconocimiento. Han corrido y dejado todo en la cancha para revertir la temporada y meterse en la zona donde Pumas debe estar. El profesor Lillini, lo digo y lo vuelvo a decir, es lo mejor que le ha pasado al club en la última época: un personaje que sabe dónde está parado, que entiende las necesidades y los límites de este equipo, que conoce como sacar lo mejor de cada futbolista y que trabaja sin necesidad de muchos reflectores. Sin estarlo buscando, Pumas se encontró al entrenador ideal, del presente y del futuro mismo del club.


Hubo, en medio de la tempestuosa temporada, una "jugada maestra" de Pumas. No sé si la tomó el presidente, Leopoldo Silva o fue el propio rector, el Doctor Graue, pero el hecho de recuperar a Miguel Mejía Barón pudo ser una de las claves. Su incuestionable capacidad, su personalidad y su experiencia han terminado por mejorar el trabajo de todos en Pumas. El de Lillini y el de cada uno de los futbolistas. Una verdadera "jugada maestra". Ahí, otra vez, Pumas encontró al dirigente perfecto para afrontar las necesidades inmediatas y futuras de la institución.


El choque ante el América que comienza mañana en el Estadio Olímpico es un Clásico. Y aunque es verdad que hubo una gran distancia entre los dos equipos durante el torneo regular, ese trecho podría reducirse a nada. Si Pumas mantiene el nivel, el ritmo, el ímpetu y la concentración que ha tenido en algunas de sus últimas demostraciones, será capaz de competirle e incluso eliminar al gran favorito América.


Puede que la letra del "El Rey" -No hay que llegar primero, sino que hay que saber llegar"- le quede a este Pumas, pero yo prefiero el canto de sus pasionales aficionados que seguramente poblarán el Olímpico mañana con las entonaciones siempre emotivas del "cómo no te voy a querer...".