Columna David Faitelson | 12-11-2021




Es orgullo, sólo eso

Cincinnati, EU.- Pongamos en orden las prioridades del futbol mexicano. Ganarle a Estados Unidos no puede estar dentro de las ambiciones y necesidades más urgentes que la Selección Nacional tiene de cara al futuro. Jugar bien, obtener el resultado como una consecuencia de ello y preparar a un equipo para el Mundial de Qatar sigue siendo el único objetivo impostergable del futbol de México.


El choque de hoy, aquí, a orillas del Río Ohio, es un partido alimentado por el irrefutable crecimiento que ha logrado el futbol de EU en los últimos 30 años, por un tema económico que atañe a la industria futbolística de los 2 vecinos del norte y hasta por un asunto coyuntural que destaca la distancia y las diferencias existentes, histórica, política, social y culturalmente, entre ambas naciones.


En medio de ello, 40 millones de mexicanos -personas de origen mexicano- que, legal o ilegalmente, viven, trabajan y envían remesas a sus familias en México y que, además, son consumidores netos del futbol mexicano y quieren, por un tema de simple orgullo, vencer al poderoso país. ¿Un Clásico? Sí, puede que las confrontaciones, los juegos y todos los elementos planteados anteriormente aquí colaboren para generar un juego de condiciones especiales dentro de la zona futbolística que le corresponde a ambos.


Ahora bien, ni a México ni a EU les sirve demasiado, en cuanto a proyección mediática e impacto en el mundo futbolístico, el resultado de este juego. Ambos están buscando, hace ya algunas décadas, un juego, un equipo y un momento más de mayor continuidad que les permita enseñar que su futbol está capacitado para acercarse a las grandes potencias y, por qué no, algún día jugar con ellas y entre ellas al mismo nivel. ¿Qué tan lejos están? ¿Quién podría estar más avanzado? Son 2 sistemas futbolísticos diferentes, pero cada uno con sus bondades, virtudes y defectos y que seguramente se pondrán a prueba máxima en el Mundial del 2026, cuando tendrán la ventaja de jugar en casa.


Hay quienes aseguran que si México no es capaz de ganarle a EU y a Canadá, para qué entonces aspira a un Mundial. Pero, cada momento es distinto y cada escenario tiene sus propias circunstancias. Hoy por hoy y más allá de una cuestión de orgullo, ni a México ni a EU parece servirles demasiado vencerse entre ellos.


El plan de México debe ser el mismo de las últimas 4 décadas. Lograr un equipo competitivo, basado en el conjunto -no en las "estrellas"-, encontrar un estilo de juego en el que todos -futbolistas, directivos y aficionados- se sientan a gusto, y llegar al Mundial para tratar ahí de demostrar sus mejores habilidades y crecimiento futbolístico.


La eliminatoria mundialista -incluyendo el juego de hoy- debe ser una ocasión para sumar puntos, perfeccionar un estilo y una forma de juego. Jugar a algo, tener idea, fortalezas, avances en el plan individual y, sobre todo, colectivo, para que cuando llegue el momento de jugar ante Francia, España, Italia, Brasil, Alemania o Argentina, el equipo tenga las armas necesarias para competirles, de una vez ganar y meterse al protagonismo de la más alta clase del futbol mundial. En eso sueña el aficionado mexicano. Ganarle a los EU en el Estadio de Cincinnati deberá ser una consecuencia de jugar bien y de empezar a mostrar que el Tri está para mostrarse en los niveles más altos.


Lo de esta noche aquí, en Cincinnati, es orgullo. Sólo eso...