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Columna San Cadilla Mural | 06-06-2021



Todo por cerveza y chocolates  

El próximo 11 de junio arrancará la Eurocopa 2021, torneo en el que se han escrito grandes historias de selecciones y de personajes que se convirtieron en leyenda.


Pero quizá el que ha dejado una huella profunda que trascendió al torneo ha sido Antonín Panenka (Praga, 2 de diciembre de 1948). Su creación se inmortalizó el 20 de junio de 1976, en la Final de la Eurocopa ante Alemania Federal, en el Estadio Nacional de Belgrado de la antigua Yugoslavia.


Posiblemente pocos aficionados de las nuevas generaciones tengan idea que el famoso penal que se dispara con un toque suave al centro, pero con un amago previo de un tiro potente por la distancia que toma el ejecutor, surgió de un mediocampista que integraba a la Selección de Checoslovaquia (hoy República Checa).


Todo se originó por una apuesta entre él y el portero Zdenek Hruska, con quien se quedaba al final de los entrenamientos de su club, el Bohemians, a practicar los penales.


Panenka ha explicado que como su compañero le adivinaba casi siempre la dirección la que tiraría, perdía las apuestas, y una noche pensó en que tenía que inventar algo para sorprenderlo.


Así comenzó el experimento en 1974, es decir 2 años antes de aquella Eurocopa. Una vez que Panenka consideró que su creación estaba lista para salir del campo de entrenamiento, comenzó a probar en partidos amistosos, y posteriormente en juegos oficiales en la Liga checa.


El propio Antonín reconoce que en aquellos años que su país estaba bajo el régimen comunista y en el que Checoslovaquia y los países de Europa del Este se encontraban ocultos detrás de la llamada "Cortina de Hierro" del bloque socialista, sirvió para que sus adversarios no tuvieran referencias de su estilo de juego.


El ex mediocampista revela que él ansiaba estrenar su invento en la Semifinal ante Holanda, pero el juego se definió en tiempos extras con el marcador a favor de los checos por 3-1.


Como si el propio Panenka hubiera escrito el guión, el desenlace mágico quedó para la gran Final contra la poderosa Alemania en un partido épico en el que los checos se fueron al frente por 2-0, y fiel a su costumbre, los teutones igualaron, por lo que la fortuna parecía estar de su lado para coronarse.


Pero el juego se prolongó hasta los penales, y Antonín, el predestinado a la gloria, solicitó ser el último en la lista de tiradores.


"Dos meses antes ya sabía que iba a pasar todo eso. No sé por qué, pero es así", contó Antonín en la entrevista a la revista que lleva su apellido, cuando se le preguntó si antes imaginó tal escenario.


Todo se fue acomodando para que Panenka fuera el héroe inmortal. Uli Hoeneß falló su ejecución, y entonces llegó el instante tan deseado por Antonín, seguro de que no erraría, y de que Maier caería en la trampa.


"No se me pasó por la cabeza porque estaba convencido al mil por ciento", contó el ahora presidente del Bohemians.


Pero sabe lo que hubiera hecho en caso de fallar.


"Me hubiera metido a tornero, que es mi profesión de formación, porque no creo que hubiera podido continuar jugando al fútbol", afirmó.


Checoslovaquia ganó la Final 5-3, pero el nombre que quedó grabado en la eternidad fue el de Panenka.


Su obra maestra se ha replicado por infinidad de jugadores, y cada vez que Antonín se entera que hubo un osado en tirar así, admite que le alimenta el ego, porque es como el eterno homenaje a su invento que nació por ganar la apuesta por chocolates y cervezas.