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Columna San Cadilla Mural | 04-04-2021



El 'Scarface' del futbol

Franck Henry Pierre Ribéry (Boulogne-sur-Mer, Paso de Calais, Francia, 7 de abril de 1983) cumplirá 38 años de edad el próximo miércoles. Si bien, hoy en día goza de éxito personal y económico que en un tiempo parecía imposible debido a las difíciles situaciones que ha vivido.

Cada vez que la ex figura del Bayern Múnich y actual jugador de la Fiorentina, se mira al espejo ahí están los caminos infernales que recorrió. Una larga cicatriz del lado derecho de su rostro, la cual requirió más de 100 puntos de sutura, una más cruza sus cejas. Las marcas fueron provocadas en un accidente automovilístico cuando tenía 2 años de edad.

"El problema fue que estaba sentado en la parte de atrás y salí volando a través del parabrisas del auto en el impacto", dijo en una entrevista.

Pero antes de ese accidente, siendo un recién nacido, sus padres biológicos lo habían abandonado en un convento de monjas.

Tras el suceso trágico que deformó su cara, debió soportar las burlas de sus compañeros que se pusieron creativos para fastidiarlo con apodos como "Quasimodo" o "Frankenstein".

Cierto, a Ribéry no le eran indiferente las mofas sobre su aspecto físico, pero supo soportar para no verse afectado en su autoestima.

Otro mote que recibió, quizá menos ofensivo fue el de "Scarface", en alusión a Tony Montana, el personaje que interpreta Al Pacino en la película del mismo nombre.

"La cicatriz... Eso fue lo que me dio este carácter y esta fuerza. Porque cuando eres chico y tienes una cicatriz como ésta no es fácil. Las formas en la que las personas te ven, las críticas... Mi familia sufrió de esto", ha comentado el dos veces mundialista por Francia.

El simple hecho de sentir las miradas y oír los murmullos de la gente que creía no ser escuchada por Ribéry ya era incómodo al momento de salir a la calle.

"La gente dice: 'mira lo que tiene esa cara, mira su cabeza, qué es esa cicatriz, es feo...'. A donde sea que iba, la gente siempre me veía. Y no porque era buena persona, no porque mi nombre es Franck, no porque era bueno para jugar futbol, sino por la cicatriz", reveló.

Su carácter volátil hizo imposible que permaneciera mucho tiempo en el convento de monjas y debió salir al mundo para ganarse la vida como albañil.

Pero además de ser un joven dispuesto al trabajo duro, también tenía otro talento natural que pulió como los antiguos; sabía jugar al futbol, y en las calles de Boulogne-sur-Mer, al norte de Francia, es donde Franck aprendió a hacer regates, a driblar, y a correr velozmente para llegar ante el portero y anotar goles.

De ahí, comenzó a mostrarse hasta pasar por el equipo de su vecindario el Union Sportive de Boulogne Côte d'Opal, y posteriormente sin pena ni gloria por el Alès, Brest, y el Metz. Pero en 2004 comenzó el ascenso al llegar al Galatasaray de Turquía, para volver a Francia con el Olympique de Marsella en el 2005, y en 2007 pasó al Bayern Múnich, en donde en 2013 fue nombrado el mejor jugador de Europa, además de coronarse en la Champions League.

Quien vea las imágenes de Ribéry ya en su etapa con el Bayern apreciará a un hombre feliz, pero detrás de su sonrisa está quien que se forjó a base burlas humillantes que no lo doblegaron y lo hicieron inquebrantable.