Columna San Cadilla Norte | 14-01-2020




RISA Y RISA

A lo lejos, Carlos Salcedo anda como si nada, risa y risa, fuerte para que lo vean y escuchen, fiel a su estilo de no pasar desapercibido.

Los Lunes en Zuazua, además de ser Lunes de Tuca, son lunes de acceso único a la prensa en toda la semana. Son 15 minutos máximo lo que se permite a los medios estar.

En ese rato que entran los reporteros y fotógrafos, los jugadores están con ejercicios en la Cancha 7.

Por ejemplo, la semana pasada que estaba la polémica de que no había jugado el amistoso contra Santos por un cuadro viral, se la pasó tose y tose en el rato que estuvieron los medios.

Y ayer, carcajadas a lo lejos. Y recalco a lo lejos porque así lo tienen.

Conforme los jugadores van terminando sus estaciones se van rotando a lo largo de la cancha y a todos les toca estar cerca de donde están los medios, a todos, menos al grupo en el que se coloca Salcedo junto a Eduardo Vargas y Luis Quiñones.

A ellos de lejecitos mejor, para evitar escenas como la del torneo pasado cuando aprovechando que lo escuchaban y grababan Salcedo dijo "Aquí en este País se habla más de esas mamadas a que si quedamos campeón con Tigres o con la Selección, es lo que le gusta al mexicano, esas mamadas", mencionó en referencia a la polémica de sus festejos tras ganar la Copa Oro.

Y aquella vez, como ahora, sus compañeros lo intentaron controlar, pero dijo: "me vale ver...".

LOKOS

Normalmente trato de no escribir sobre barras, a menos que sea necesario, como es el caso de lo que sucede en Libres y Lokos.

Ayer, un escrito de Samuel Reyes, líder de LyL, daba a entender que podía dejar a la barra, por eso acudí al Juditas 6A.

"¿Pos qué trae Samuel?", fui directo.

"Todo tranquilo Sanca, lo que pasa que anda agüitado por una situación, lo que pasa es que volvieron a la barra unos güeyes que estaban hace tiempo y como que quieren protagonismo. Y aunque todos saben que la barra de Libres y Lokos es liderada por Samuel Reyes, Llanes y compañía, hay algo que le preocupa a Samuel".

"¿Tons?", le pregunté.

"Mira, estos cuates de antes quieren meterse a la barra y dividirnos, traen unas ideas contrarias a lo que venimos haciendo".

"¿Cómo?", le pregunté.

"Pos mira, la verdad es que son medio malandros y Samuel no quiere que se vayan a descontrolar las cosas, la barra respeta las reglas que hay en el estadio, con eso te digo todo".

Pos ojalá que no se pongan muy Lokos esos que regresaron y quieran descontrolar a la barra.

FIN A LA NOVELA

El asunto personal de Víctor Guzmán resultó ser no tan personal... y mucho más grave de lo esperado.

No es la primera vez que se trata de ocultar un tema de dopaje en nuestro futbol. Sin embargo, al llegar hasta instancias de la FIFA, tarde o temprano se iba a saber y ayer ya no les quedó de otra que admitir lo sucedido después de tres días de hermetismo en lo que fue la primera novela de las Súper Chivas 2.0.

Si bien es una baja sensible para el proyecto futbolístico, el Rebaño no tendrá que desembolsar los 10 millones de dólares pactados, y que aún no habían cubierto, además de que quedará deslindado de lo que proceda de ahora en adelante con el dopaje.

Para el Pachuca no es fácil, pues de resultar positiva la segunda muestra, en los escenarios más pesimistas se comenta una suspensión de dos a cuatro años.

Se habla de un alcaloide, y el oriundo de Tonalá asegura que nunca ha tomado nada para mejorar su rendimiento. Eso sí le creo. Ese tipo de sustancias también se consumen para uso recreativo, aunque no por eso deja de ser doping.

UNA BROMA

Lo que confirma el caso de Guzmán es que las pruebas antidoping son una broma en nuestro futbol. Es un problema real que no quieren ver y del que prefieren deshacerse antes que atacar o prevenir.

Y les cuento del caso más reciente en la Liga MX, antes del tapatío, claro.

Para nadie era un secreto la adicción de Brian Fernández a la cocaína, pues en los inicios de su carrera en Argentina había dado positivo y fue suspendido. Tras rehabilitarse y resurgir en el futbol, fue que llegó al Necaxa, brilló y lo querían los clubes poderosos.

Todo marchaba viento en popa, no era alguien que se caracterizara por escándalos en la ciudad, se había convertido en el consentido de la afición y daba resultados al equipo para meterlo a la Liguilla, hasta que, a la directiva, le llegaron versiones de que el jugador había recaído en las drogas. Como no lo tenían confirmado y su rendimiento en la cancha era bueno, prefirieron hacerse de la vista gorda. Algunos aficionados aseguraban que lo veían en los baños de los antros inhalando un polvo blanco, pero no dejaba de ser un rumor.

El asunto fue que en una ocasión, tuvieron que llamar a los médicos del club para que fueran a la casa de Fernández porque presentaba síntomas de intoxicación de cocaína. No había manera de negar que había recaído.

El club prefirió no hacer pública la indisciplina -ya saben, "no hables mal del camello porque si no, no lo vas a poder vender-, le permitió jugar las últimas jornadas en las que no paró de hacer goles para que, al mismo tiempo, se siguiera cotizando.

Perder al jugador en la Liguilla, la etapa más importante del torneo, era lo de menos, lo que querían evitar era el escándalo.

Así que, a pesar de que había propuestas del América, de Monterrey y los Tigres, en el club hidrocálido no querían cerrarse las puertas en contrataciones en el mercado local al "quemarse" con mandar a un jugador en esos problemas. Vino la oferta del Portland Timbers y meses después ocurrió lo inevitable en la MLS: descubrieron la adicción de Fernández, se negó a rehabilitarse y el club estadounidense intenta, a través de una demanda, recuperar su inversión en el argentino.

Ni hablar.